Mensaje en el inicio de la Residencias médicas 2010
Sean estas palabras de bienvenida, para celebrar con Uds. un tramo de la prolongada posta que les ha permitido llegar hasta aquí; hasta esta etapa calificada de formación médica de posgrado.
Hasta ahora, Practicantes Internos de nuestros servicios; desde ahora, Residentes; dentro de algunos años, técnicos competentes en las muchas decenas de ramas del fértil tronco médico, y para toda la vida -si otra vocación no brota en vuestras entrañas- aprendices del arte médico en un espiral sin fin.
La libertad del pensamiento me ampara en lo que les diré, tanto como a Uds. la capacidad crítica de enriquecer o contradecir cuanto les diga.
No soy afecto a los títulos sean de Doctor, Profesor, Director o cualquier otro, tal vez porque aluden a un lugar idealizado de supuesto saber, o de poder, que los demás nos atribuyen. En cambio siempre recuerdo con agrado que me llamaran «Practicante», aun cuando estuviera cansado y mal dormido, a las cinco de la madrugada y por «pavadas». Tal vez porque ése sí era el don ganado en el ejercicio de nuestra tarea… el don ganado en el ejercicio de nuestra generosa tarea.
En mis tiempos no había residencias médicas…
Les envidio sanamente la oportunidad de bien ganarse el nombre en la tarea y será a las cinco de la tarde o a la madrugada, en domingo, en feriado o en fiesta de guardar; eso sí, que el fastidio de las condiciones adversas no prodigue el diagnóstico de «pavadas», que muchas veces resulta la puerta de entrada a la mala práctica y al remordimiento. Ojalá que vuestro desempeño sea tan pródigo como para que, aún con los logros posteriores que seguramente cosecharán, sigan recordando con honor y satisfacción vuestro quehacer de residentes.
Hace dos años, en unas Jornadas de Educación Médica Continua decíamos para médicos mayores, lo que ahora quiero decir para jóvenes médicos:
«La medicina es una forma particular de la solidaridad humana… un arte vincular… para incrementar sus beneficios y atenuar los daños que puede ocasionar, es necesario avanzar en la ciencia de nuestro arte.
El desarrollo continuo y permanente de la personalidad y el rol social del médico constituye el componente principal de nuestra práctica. Personalidad y rol social se fraguan en la historia personal del médico y en las circunstancias de su existencia; esos pilares cardinales no son transferibles directamente desde la actividad educativa, aunque ésta ha de abrirle amplios espacios.
Dos aspectos, que resultan indispensables en la persona del médico -y que Salamanca no presta- incluyen: el desarrollo de sus sentimientos sociales y la capacidad de transitar en la penumbra y el enigma sin violentar a las personas con teorías, dogmas o prácticas ritualizadas de recetas, exámenes y procedimientos.
Nuestra sociedad aspira a disponer, en cantidad, en calidad y diversidad de buenos médicos. Un buen médico, en tanto su tarea es ocuparse de personas, es a la vez un médico bueno, es decir una persona suficientemente buena.
Con disposición solidaria, calidad vincular y comunicativa, con cierto espesor y madurez en los problemas humanos universales: amor, muerte, dolor, locura, discriminación y exclusión social; abierto a los dilemas éticos de la práctica cotidiana; activamente comprometido con los asuntos políticos y sociales implicados en el bienestar de nuestros semejantes. Con un arte afinado en técnica y ciencia que ilumine sobre los procedimientos empleados y los resultados obtenidos. Tratando de avanzar el arte médico (o mejor diríamos, arte en salud / enfermedad) -que nunca deja de serlo- a un arte comprometido, sostenido en comprobaciones.»
Desde luego que el médico, como todo ser humano, es el médico y sus circunstancias. Y hoy las circunstancias nos proponen la transformación radical del sistema de salud y la necesidad de formar médicos, técnicos y trabajadores de la salud suficientes y calificados para esa tarea.
La construcción del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) es una tarea mayor de nuestra sociedad para este período histórico.
El proyecto que el Sindicato Médico y nuestra Facultad anticiparon y promovieron hace cuarenta años está en marcha y constituye, por fin, una cuestión principal de la comunidad y del Estado.
Esta transformación profunda supone la cobertura universal, accesible y solidaria de toda nuestra población, la distribución equitativa de servicios de calidad financiados en función de la capacidad de aporte de cada ciudadano, un nuevo modelo de atención, integral, en equipo interdisciplinario, que enfatice la prevención, la promoción de salud y la rehabilitación con escenario principal en la comunidad y con la estrategia de la atención primaria. Este proyecto democratizador supone la amplia participación de la comunidad, de los médicos, los técnicos y los trabajadores de la salud en la conducción y gestión de los servicios y los programas sanitarios.
Hace más de un siglo el gran médico e investigador austriaco Rudolf Wirchow, fundador de la patología celular moderna y militante social, decía con precisión casi matemática «la medicina es política en gran escala».
La transformación del sistema de salud es, pues, política en gran escala, profunda y de largo aliento. Existen otras transformaciones que interactúan con ella y tienen el mismo carácter: educación, arte, ciencia y tecnología; sobre el cauce de un desarrollo social y productivo sostenido y soberano, con justa distribución de los bienes materiales y culturales.
Política entendida como el conjunto de todos los instrumentos de la cultura, empleados colectivamente para producir cambios que mejoren la condición humana, en una sociedad y en un período histórico concreto.
Y desde luego que política en gran escala es conflicto en gran escala. Se espera de nosotros -y especialmente de los jóvenes médicos- que impulsemos los cambios con aportes innovadores y, en especial, con una actitud ponderada, retirando del fuego de las confrontaciones los leños innecesarios. Con fuerza y firmeza en lo esencial, pero con benevolencia en las maneras.
La calidad y el compromiso del equipo de salud resultan tan decisivos como la participación de la comunidad.
La reforma sanitaria sólo podrá realizarse si contamos con recursos humanos suficientes, calificados y con fuerte motivación. El complemento de esta afirmación es asegurar un creciente involucramiento de la comunidad en los programas sanitarios.
Resulta imperioso, pues, construir un cuerpo médico y de trabajadores de la salud suficiente, diverso y organizado en equipos, con distribución nacional e inmersos en la comunidad; de alta calidad ética, humanística y científico técnica.
Dos consideraciones sobre el personal de salud merecen ser destacadas.
La primera, altamente promisoria, refiere a la creciente presencia de la mujer en los servicios de salud; su acervo psicológico y comunicativo, fraguado en la historia cultural de la división del trabajo, aporta a la atención de las personas y las comunidades lógicas de pensamiento y acción, de empatía y éticas de insustituible valor en el sentido de las transformaciones esperadas; estas cualidades renovadoras y removedoras se desarrollan a contrapelo de rígidas estructuras de segregación y discriminación que deberán ser superadas.
La segunda consideración refiere a que el avance de la reforma ha puesto en evidencia una situación deficitaria en cantidad, variedad y calidad de médicos y otras profesiones de la salud.
Una peligrosa amenaza proviene de la extracción sin compensación ni gratitud alguna, en especial por los países del llamado primer mundo, de nuestro personal de salud.
Pero los mayores obstáculos para realizar los cambios proceden de las inaceptables condiciones de trabajo -cuyo núcleo maligno central es el multiempleo- que no permite que los médicos y demás compañeros de tareas podamos emplear nuestra capacidad creativa con horario no mayor de cuarenta y dos horas semanales, en un lugar de pertenencia, dotado de recursos técnicos apropiados, habitable, cálido; con participación amplia en los equipos de salud y en la gestión de los servicios y con formación y educación en la comunidad del trabajo. Todos ellos son requisitos indispensables para obtener servicios calificados y realizarnos como personas plenas.
Tanto para precavernos de un déficit de personal de salud -que hoy es un recurso escaso en todo el mundo- como para disponer de un cuerpo médico capaz de construir el nuevo modelo de atención resulta menester hacer una fuerte apuesta a la formación médica y de técnicos en salud en todos los niveles. A esto me referiré para finalizar.
En Pregrado nuestra Facultad mantuvo con firmeza el ingreso libre, sin cobro de matrícula, aun con extrema restricción de presupuesto y resistiendo fuertes presiones en sentido contrario. En estado de masificación estudiantil supo cumplir su compromiso social, preservando, en lo posible, la calidad; hace dos años tuvo la merecida satisfacción de ser acreditada por el mecanismo previsto en el Mercosur. y ha puesto en marcha un nuevo Plan de Estudios de siete años de duración. El egreso promedio en la última década fue de 400 médicos por año.
El cuerpo médico nacional -gestado en nuestra Facultad- incluye 13.500 médicos; esto es la formidable cifra -de inestimable valor para el nuevo sistema- de un médico cada 245 habitantes; pero, por ahora, con muy desigual distribución: uno cada 125 habitantes en Montevideo, uno cada 640 habitantes en el resto del país.
La Escuela de Graduados, tiene 50 cursos de especialización y cerca de 1.800 alumnos en plantilla; la calidad de sus programas de formación ha sido destacada por el grupo acreditador de Mercosur como una de las fortalezas de la Facultad.
De la Escuela egresan año a año 300 médicos con título de especialista; es decir que el 75 % de los médicos egresados de la Facultad logran profudizar su formación vía residentado o posgrado convencional en programas de tres a seis años de duración.
Nuestra Escuela de Graduados está conducida por una Comisión Directiva integrada por miembros del orden docente, de los egresados, de los estudiantes y también por un delegado de los alumnos de la Escuela es decir electo por Uds.
La expansión de los proyectos docente asistenciales a todos los emprendimientos sanitarios que componen el SNIS y a todo el territorio nacional, constituye un instrumento fundamental para avanzar en las transformaciones sanitarias y en la formación del personal de salud.
Nuestro desarrollo histórico supuso una segregación de dos tipos de servicios: por un lado, los servicios universitarios con diseño docente, asistencial y de investigación para la formación de pregrado y postgrado, y por otro lado, los servicios de asistencia convencionales que no incluyen en sus diseños la educación ni la investigación científica.
Es menester una amplia reconversión de los servicios del SNIS hacia proyectos docente-asistenciales, de investigación en salud y de complementación de recursos humanos y tecnológicos y la expansión progresiva de esta modalidad con carácter nacional.
La incorporación de metodología científica apropiada y de controles de calidad en los programas sanitarios y docentes resulta prioritaria.
Para el avance y la toma de decisiones en el SNIS y en las empresas sanitarias que lo integran la calidad del registro -comenzando por la degradada historia clínica-, la elaboración de la información existente y la evaluación sistemática, resultan imprescindibles. Esta orientación converge con el notable aporte de la escuela canadiense de Sackett y otros al desarrollo de la Epidemiología Clínica y más adelante la Medicina Basada en Comprobaciones.
La investigación de planes, programas, acciones y procedimientos asistenciales resulta tarea ineludible de los servicios de salud. ¿Qué cobertura tiene las personas, sus familias y la población? ¿Está asegurada la continuidad de la atención? ¿Quiénes acceden y quienes no acceden a los servicios? ¿Cuál es el efecto a corto, mediano y largo plazo de la prevención primaria, secundaria y terciaria? ¿Cuál es el efecto de las acciones sobre la ecuación salud / enfermedad y sobre la calidad de existencia de las personas, sus familias y las comunidades?
En los últimos tres años, dieciséis (16) instituciones de asistencia han sido formalmente habilitadas por la Escuela de Graduados como Instituciones Asociadas para la formación de recursos humanos en salud; once (11) pertenecen al sector público y cinco (5) al sector mutual. Estas cifras son auspiciosas, pero aún muy insuficientes y habrá que multiplicarlas.
El año pasado se proveyeron 303 cargos de residentes y se cubrieron plazas en 46 de las 50 especialidades activas de la Escuela de Graduados: fue la provisión más numerosa y más variada de la historia del residentado, con una expansión en volumen y diversidad del orden del 40 %..
Lamentablemente en vuestra generación no pudimos repetir esas cifras, y debimos conformarnos con 250 plazas y una reducción del número de especialidades; de todos modos, constituye por su magnitud el segundo llamado más amplio de la historia del residentado.
En relación con el fortalecimiento y expansión de Unidades Docente Asistenciales, el Consejo de la Facultad ha homologado varias decenas de Unidades con programas que apuntan al nuevo modelo de atención y a las especialidades críticas. Estas Unidades incluyen personal de la Facultad y de ASSE cuyo volumen alcanza a un par de centenares de profesionales, operando en zona metropolitana y en Departamentos del interior.
La prioridad que nuestra Facultad concede a la formación de médicos y técnicos en salud se refleja en la Planificación Presupuestal para el nuevo quinquenio, que para la Escuela de Graduados incluye:
– Todos los graduados de la carrera de medicina tendrán oportunidad de profundizar su formación por el régimen de residencias (además de acceder a la formación por las modalidades de posgrado convencional, diplomatura o pasantía) o podrán realizar posgrados académicos de maestrías y doctorados impulsados por el Programa de Investigaciones Biomédicas (ProInBio).
– Extender los programas de la Escuela de Graduados a todo el país con localización y distribución nacional de la formación profesional y académica y la Educación Médica Continua, en cooperación con las empresas de asistencia que componen el SNIS.
– Extender los programas docente asistenciales de formación en servicio a todas las instituciones integrantes del SNIS.
– Instalar y desarrollar un Observatorio o Comité Nacional de Recursos Humanos para la Salud organizado por el Ministerio de Salud Pública, la Universidad de la República y el SNIS que permita definir y monitorear la evolución de las necesidades del Sistema de Salud y su interacción con el Sistema Educativo. La Escuela de Graduados fortalecerá su orientación hacia la Planificación Estratégica de Recursos Humanos en cantidad, diversidad y calidad.
Decíamos tiempo atrás a médicos del interior y ahora a ustedes:
De sur a norte, de este a oeste, hagamos de nuestra patria un vergel habitable, en una Latinoamérica fraterna… ¡a lo Antonio Machado!… de «buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan»… y como la vida tiene punto final -cosa que hasta los médicos solemos olvidar-, que «en un día como tantos» descansemos bajo ese vergel.